Hay Heridas

 

Hay Heridas…

Heridas que duelen, que llegan, y parecen retirarse, que están, que son, que vuelven, que duelen

Heridas, que quedan en el cuerpo y  llegan a nosotros en forma de personas, de historias, sabores, de aromas

Heridas, que se abren sin saber muy bien el cómo, que creímos curadas, sanadas, en el olvido

Heridas que calan que hieren lo más profundo,  que despiertan a nuestras sombras y sentimientos ocultos, que desgarran y nos desarman, dejándonos de frente a lo desconocido

Heridas que saben a miedo, a dolor, con aroma a rechazo, abandono, que queman, que arden y han probado su propio infierno.

Heridas que mueren y renacen, que se asoman que vuelven disfrazadas, y nos encuentran y nos transforman

Poder contemplar la herida, aceptarla, y abrazarla, en su desnudez, sentir de donde viene, dónde nace, dónde duele, reconocer el aroma y el propio sudor que aparece frente a ella, y llorarla, tomarla, abrazarla, recordándote no somos la herida, y que aquello que nos la trae, nos la muestra, en intención, va tras la búsqueda de nuestra mirada, pidiendo luz, y pronta sanación…

Aquello que nos limita, es lo mismo, que nos posibilita nuestra propia muerte y resurrección…

Mirar con nuevos ojos, ser amable con vos mism@, con tu proceso y tus heridas,

Mirarte con buenos ojos, en compasión, en gratitud, en amor, viéndote, y aceptándote donde estas, tal como estas, rindiéndote y entregándote a lo que es, tal como se nos da, recordándote que para ser infinito hay que dejar de ser

La posibilidad de trascender y trascendernos, mas allá de las circunstancias, mas allá de nosotr@s mism@s

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